La Improvisación (Art publicado en El Portal Set 09)
Improvisar tiene el sentido de poder responder creativamente a lo inesperado.
Es tener un plan, y ante un imprevisto aplicar otro, y hasta poder actuar sin plan!
Es crear a medida que se va haciendo, es responder con una conducta nueva o preestablecida según lo que mejor resulte y se adapte a lo que inesperadamente acontece. Convengamos en que la Improvisación, en determinado contexto, tiene muy mala prensa “ser un improvisado” no es justamente un piropo. Me refiero a la improvisación en cuanto arte, destreza, creación y capacidad de inventiva para resolver lo que sea.
Siempre improvisaremos en función de los conocimientos, herramientas y recursos de los que dispongamos. Por lo cual a mayor bagaje, mayor es la posibilidad de crear y resolver.
El Tango, en cuanto danza, se caracteriza por ser un baile de improvisación. Siempre hablando del Tango Salón (no del de Escenario que es otra historia).
Lo cual determina una gran variedad de movimientos posibles. Lo contrario a un baile preestablecido o coreografiado.
Para fortuna de tangueros y tangueras, sobre todo para quienes deciden incursionar en esta danza, tiene determinadas figuras y convenciones que lo organizan y facilitan, pero no son estas las que conducen el transcurso de un tango, ni las que hacen que mágicamente resulte placentero y maravilloso bailarlo. Más bien disfrutamos de lo nuevo, de lo que vamos dibujando a medida que la música nos mueve, juntos.
El punto importante es que, como en la vida, para resolver cualquier problema, para poder improvisar dependeremos de los recursos disponibles. Que, por supuesto, bailando nunca serán ni una tenaza ni un alambre!!
Bailando contamos con recursos como: la postura (que permite que todo lo demás funcione), la marca (que no es llevar sino más bien invitar a ir), el equilibrio propio (que aunque estemos abrazados el otro no es una pared), la comodidad del abrazo (que puede hacernos sentir que estamos en una burbuja donde la comunicación fluye libremente o que estamos a punto de entrar en lucha libre) y, por último pero no por eso menos importante: los pasos posibles.
Un punto delicado, a mi humilde entender, es que los hombres muchas veces creen que lo más importante son los pasos, les dan prioridad por sobre las demás herramientas. Es válido que esto suceda ya que son los que proponen el movimiento. Pero para mí, así se complica la improvisación posible. Ya que si por hacer más pasos, o pasos más complejos, se descuida la postura, el abrazo y/o la conexión, para nosotras se vuelve tortuoso el poder seguirlos, que tratándose de bailar Tango lo intentamos silenciosamente, sin decir nada: ¡aprovechen! Pero cuídennos.
Al fin y al cabo no nos tienen calladas, siguiéndolos, en tantas oportunidades de la vida: disfrútenlo y permítannos disfrutarlo. Recuerden que nosotras también improvisamos con ustedes.
Para bailar nos necesitamos mutuamente, cada uno deberá poner lo mejor de sí mismo, respetar al otro en sus limitaciones, valorar lo que pueda darnos y en todo caso solamente tratar de corregir lo que esté en nuestras manos.
Si cada uno cuida y mejora su parte, el resultado, inexorablemente, mejora.
Si cada uno critica y exige la parte del otro, el resultado inevitablemente empeora, o en el mejor de los casos: se estanca.
Como en la vida misma…